Recorrido saereano

La ciudad
narrada

Desde hace algunos años, los lectores de Juan José Saer tienen la oportunidad de vivir una experiencia única en el microcentro santafesino que se llama “La ciudad narrada”. Se trata de un circuito que propone una caminata a través del patrimonio urbano y arquitectónico de la ciudad de Santa Fe, que invita a viajar con la imaginación a la década del 60, para visitar algunos de los escenarios que inspiraron libros emblemáticos de Juan José Saer como Cicatrices, Glosa y Lo imborrable.

Duración
1 h 30 min
Paradas
8 estaciones
Inicio
Café Tokio Norte
Comenzar

El itinerario

Ocho estaciones
en la ciudad

Durante la caminata, elegí la parada en la que te encontrás para ver sus fotografías, libros y fragmentos.

Plano del recorrido

De norte a sur

Los puntos señalan las estaciones y las esquinas intermedias acompañan el avance por calle San Martín.

Plano esquemático del recorrido Recorrido de norte a sur por San Martín, con ramales hacia Café Tokio, Palace Hotel, viejo Mercado y Casa Tomatis. N ↑ ESTE → 1.º de Mayo 9 de Julio San Jerónimo San Martín 25 de Mayo Rivadavia Hipólito Yrigoyen Eva Perón La Rioja Primera Junta Cortada Falucho Mendoza 01 CAFÉ TOKIO Rivadavia 2973 02 GLOSA Hipólito Yrigoyen 03 DIARIO LA REGIÓN San Martín 2659 04 CASA ESCASANY Primera Junta 05 PALACE HOTEL 25 de Mayo 06 BAR GRAN DORIA Mendoza 07 VIEJO MERCADO Plaza del Soldado 08 CASA TOMATIS Mendoza 2811
Abrir recorrido completo en Google Maps ↗
01 Inicio

Primera estación

Café Tokio Norte

Rivadavia 2973

El punto de encuentro y comienzo de la caminata por la ciudad narrada.

Mesas sobre la vereda y cartel luminoso del Café Tokio
Café Tokio, fotografía de archivo
Interior histórico del Café Tokio con mesas de billar, jugadores y espectadores
Interior del Café Tokio · salón de billar
Tomatis en el interior del Café Tokio, junto a una mesa de billar
Tomatis en el Café Tokio · fotograma de Cicatrices (2001)
Mesa vacía junto a la ventana del Café Tokio; afuera llueve
Mesa vacía junto a la ventana, bajo la lluvia · fotograma de Cicatrices (2001)
Tapa de la novela Cicatrices, de Juan José Saer
Cicatrices · edición Seix Barral
Leer fragmento de Cicatrices

“Hay esa porquería de luz de junio, mala, entrando por la vidriera. Estoy inclinado sobre la mesa, haciendo deslizar el taco, listo para tirar. […] Por la vidriera entra esa luz de porquería que no calienta nada. Hace más frío que no sé qué. Hace falta un sol como la gente, no una luz aguachenta como ésta, que para lo único que sirve es para mostrar cómo el cigarro que él acaba de tirar sobre las baldosas está todavía encendido, porque sube una columnita de humo que va disgregándose —azul— y después desaparece. Parecen siempre la misma columnita y siempre la misma zona de disgregación —tan lento es todo—, y no un humo que fluye continuo y después se disgrega, en medio del bloque imaginario de luz. Bloque, qué va a ser un bloque, esa luz de porquería: no sé de qué sol podrido puede estar llegando. No tiene nada que hacer aquí; no sirve para nada. Que se vaya y se dedique a entrar por la vidriera de algún bar en algún otro planeta.”

— Juan José Saer, Cicatrices, 1969
Abrir en Google Maps ↗ Volver al plano ↑
02

Segunda estación

Glosa

Hipólito Yrigoyen y San Martín

Una esquina para entrar en el movimiento de la ciudad y en el andar de los personajes de Glosa.

Calle San Martín en su cruce con Eva Perón, en una fotografía histórica
San Martín y Eva Perón · tramo intermedio
Calle San Martín vista desde la esquina de La Rioja, en una fotografía histórica
San Martín y La Rioja · tramo intermedio
Presentación mecanografiada del proyecto de Glosa, fechada en París el 5 de noviembre de 1982
Proyecto de Glosa para la Beca Guggenheim (denegada). París, 5 de noviembre de 1982 · Archivo privado
Tapa de la novela Glosa, de Juan José Saer
Glosa · edición Alianza Literatura
Leer fragmento de Glosa

“Y el Matemático piensa: ‘Si el tiempo fuese como esta calle, sería fácil volver atrás o recorrerlo en todos los sentidos, detenerse donde uno quisiera, como esta calle recta que tiene un principio y un fin, y en el que las cosas darían la impresión de estar alineadas, de ser rugosas y limpias como casas de fin de semana bien parejas en un barrio residencial’. Pero dice:
—¡Shht! Il terso conchertino dilestro armónico.”

— Juan José Saer, Glosa, 1986
Abrir en Google Maps ↗ Volver al plano ↑
03

Tercera estación

Diario La Región

San Martín 2659

Parada frente al diario que, en la geografía literaria de Saer, aparece como La Región. Las imágenes muestran el antiguo edificio de El Litoral.

Antiguo edificio del diario El Litoral sobre calle San Martín en la década de 1950
Viejo edificio de El Litoral · década de 1950
Fachada iluminada del diario El Litoral durante la década de 1960
Edificio de El Litoral · década de 1960
Tapa de la novela Glosa, de Juan José Saer, publicada por Seix Barral
Glosa · edición Seix Barral
Leer fragmento de Glosa

“En mangas de camisa, la cara vuelta hacia el Sur, en el escalón superior de los dos de granito reconstituido que conducen a la entrada principal de La Región, interceptando la puerta, entre las dos vidrieras que exhiben las pizarras de felpa negra en las que se difunden, pegando letras móviles de latón blanco, las noticias principales del día, Tomatis está encendiendo un cigarrillo, con el fósforo protegido en el hueco de las palmas aunque no sopla la más mínima brisa y hubiese podido por lo tanto exponer la llama al aire matinal sin ningún peligro de que se apague. […] Mientras se guarda los fósforos en el bolsillo, sin sacarse el cigarrillo de entre los labios, sigue oteando el Sur, indiferente al tumulto de la calle. Los autos pasan, muy lentos, en ambas direcciones, interceptando, intermitentes, la vereda del diario, de modo que la presencia de Tomatis, parado en el primer escalón de la entrada principal, se borra y reaparece, para Leto y el Matemático, discontinua y fragmentaria.”

— Juan José Saer, Glosa, 1986
Abrir en Google Maps ↗ Volver al plano ↑
04

Cuarta estación

Casa Escasany

San Martín y Primera Junta

El gran reloj de Casa Escasany es fundamental en Cicatrices, ya que los personajes ven ahí la hora.

Vidrieras iluminadas de Casa Escasany en la esquina de San Martín y Primera Junta
Casa Escasany · fotografía de archivo
Tapa de la novela Cicatrices, de Juan José Saer, publicada por Editorial Sudamericana
Cicatrices · edición Sudamericana
Leer fragmentos de Cicatrices

“El reloj de Casa Escasany tocó nueve campanadas. Pasé por una rotisería, compré dos botellas de vino tinto y me fui para lo de Tomatis. Ahora había dejado de llover, pero había una humedad que era la locura. Tomé un taxi en la esquina del Mercado Central y le di la dirección de Tomatis.”

— Juan José Saer, Cicatrices, “Ángel”

“Era en pleno centro, a la vuelta de San Martín, de modo que fui caminando en dirección a San Martín, doblé en la esquina de Casa Escasany a las diez menos cuarto y avancé por San Martín tres cuadras hacia el Norte —que es lo que vamos a hacer nosotros—, paré frente a las pizarras de La Región y me puse a leerlas, pero no decía nada de lo de Fiore.”

— Juan José Saer, Cicatrices, “Escalante”
Abrir en Google Maps ↗ Volver al plano ↑
05

Quinta estación

Palace Hotel

Cortada Falucho y 25 de Mayo

El Palace Hotel de la ficción es, en la realidad, el Hotel Castelar: un edificio central en las historias y en la trama urbana saereana.

Fachada del Hotel Castelar de Santa Fe
Palace Hotel · Hotel Castelar
Hall interior del Hotel Castelar, con revestimientos de madera, ascensor y araña de luces
Hall interior del Hotel Castelar
Tapa de la novela La vuelta completa, de Juan José Saer
La vuelta completa · edición Biblioteca Popular Constancio C. Vigil
Leer fragmento de La vuelta completa

“Dejó atrás la plazoleta cruzándola en diagonal hacia la esquina del hotel. […] Cruzó la calle penetrando en el frío hall del ‘Palace’. Era un recinto pequeño y oscuro de zócalo de mármol blanco, con una escalera blanca que ascendía a los pisos superiores formando una espiral en cuyo centro la jaula del ascensor comenzaba a elevarse en el momento en el que Rey entró. Una puerta doble encortinada de voile conducía al comedor, todavía desierto. […] El mostrador del conserje se hallaba a un costado de la entrada; en el otro extremo del pequeño recinto había unos sillones de cuero, uno de los cuales se hallaba ocupado por una mujer de edad, llena de pulseras, que hojeaba un ejemplar de Vea y lea.”

— Juan José Saer, La vuelta completa, 1966
Abrir en Google Maps ↗ Volver al plano ↑
06

Sexta estación

Bar Gran Doria

San Martín y Mendoza

El café como lugar de encuentro, conversación y observación de la ciudad.

Esquina de San Martín y Mendoza llena de peatones durante la década de 1960
San Martín y Mendoza · década de 1960
Vista histórica de la esquina de San Martín y Mendoza, frente al Bar Gran Doria
Leto y Tomatis en San Martín y Mendoza
Tapa de Cuentos completos, de Juan José Saer
Cuentos completos (1957–2000) · incluye “Nochero”, publicado en Lugar
Leer fragmento de “Nochero”

“El hombre, de unos treinta años, se ha detenido hace un momento ante la vidriera de la confitería: parece absorto en la contemplación de las golosinas, acomodadas con meticulosidad para hacer resaltar cierta combinación de gustos, formas y colores. Los bombones, alineados sobre bandejas plateadas, envueltos en papel metálico verde, azul, colorado, según el relleno tal vez, o si no sin envoltorio ninguno, ocupan, en profusión ordenada, el centro de la vidriera; masas cuidadosamente colocadas dentro de unas bandejitas de papel blanco, duro y acanalado, cuyos bordes, terminados en una especie de puntilla gruesa que recuerda vagamente una prenda interior femenina, escoltan, alineados alrededor, el centro ocupado por los bombones. […] La gente pasa, apurada, en el anochecer helado, por la vereda y por la calle, cerrada al tránsito todavía, sin prestar la más mínima atención a la escena discreta que transcurre junto a la vidriera de la confitería. […] Únicamente el Gato presta atención a la escena: sentado en una mesa junto a la vidriera del bar Gran Doria, en la vereda de enfrente, sin que nada en su expresión o en sus gestos traicione su interés, el Gato observa lo que está pasando junto a la confitería mientras su mano, distraída, hace girar sobre la mesa el vaso de aperitivo rojizo del que ya se ha tomado más de la mitad.”

— Juan José Saer, “Nochero”, Lugar, 2000
Abrir en Google Maps ↗ Volver al plano ↑
07

Séptima estación

El viejo Mercado

Actual Plaza del Soldado

Las capas de una ciudad: el mercado que fue.

Calle San Martín en su cruce con Salta, con peatones y comercios
San Martín y Salta · tramo hacia el viejo Mercado
Vista histórica del viejo Mercado de Santa Fe, con carros y personas frente al edificio
Viejo Mercado (luego “Mercado Central”) de Santa Fe. Se situaba en el predio que hoy ocupa la Plaza del Soldado, 1878. Autor: Pedro Tappa. Colección C. Paredes — Museo Histórico Provincial de Santa Fe.
Leer fragmentos de Cicatrices y Nadie nada nunca

“…cada par de días yo me iba hasta el mercado central y elegía dos o tres kilos de las uvas últimas, que son dulces y duras, y tienen mejor gusto porque ya no va a haber más hasta el otro año. Venía pellizcando los racimos durante el trayecto desde el mercado hasta mi casa, y después las guardaba en el congelador.”

— Juan José Saer, Cicatrices

“Sequía y caballos es lo único de lo que se habla en el mercado. Pero el gran recinto que ocupa toda una manzana está menos animado que de costumbre, y menos concurrido. Algunos puestos están cerrados. La carne cruda cuelga de los ganchos por sobre los mostradores de las carnicerías. Se ven riñones, corazones, tripas que penden en ovillo. Sobre el mármol de los mostradores pueden verse, acomodados de a pares, testículos de toro. Costillares recubiertos de grasa se exhiben enteros o divididos en tiras. Hay recipientes de metal que desbordan de carne despedazada y en algunos puestos pueden verse medias reses enteras, enormes, que todavía no han sido fraccionadas. A todo lo largo de los puestos corre una acequia diminuta, recta, que sirve para desagotar el agua de la limpieza cotidiana. En su fondo se estanca un hilito sanguinolento. De algunos pedazos de carne colgada gotea, regular, una sangre oscura. Cabezas despellejadas pero enteras, de vaca, de cordero, de cerdo, clavan unos ojos ciegos y uniformes en los clientes que se aproximan a los mostradores. De toda esa carne, que es sin duda fresca, emana un tufo ligero que llena la nariz de Elisa cuando, cargada de paquetes, sale por la puerta principal y comienza a caminar hacia el coche negro, estacionado en la próxima cuadra”.

— Juan José Saer, Nadie nada nunca
Abrir en Google Maps ↗ Volver al plano ↑
08 Final

Octava estación

Casa Tomatis

Mendoza 2811

Vivienda que construyó el padre de Juan José Saer en la década del 50 para alojar a su familia y a su negocio. Hasta hace algunos años vivió en la casa Mabel, la hermana de Juan José Saer. Es la última parada del recorrido y se podrá ingresar.

Juan José Saer escribiendo en la piecita de Tomatis
Saer en la piecita de Tomatis
Hogar a leña, sillón y objetos decorativos en el interior de Casa Tomatis
Casa Tomatis · el hogar
Biblioteca, mesa y ventana en una habitación de Casa Tomatis
Casa Tomatis · la biblioteca
Mesa, sillas y aparador en el comedor de Casa Tomatis
Casa Tomatis · el comedor
Tapa de la novela Lo imborrable, de Juan José Saer
Lo imborrable · edición Alianza Literatura
Retrato de Juan José Saer en la casa de Tomatis
Leer fragmento de Lo imborrable

“Cuando cierro la puerta de calle detrás de mí, y empiezo a caminar decidido en dirección al centro, me acuerdo de cómo hasta hace una semana nomás, me era imposible trasponer el umbral para ir a tomar un café en el bar de la galería, como lo venía haciendo todos los días desde hacía más de veinte años. Únicamente después de su muerte, la agitación del agua negra, por las mismas razones misteriosas que la hicieron sacudirse, se fue calmando y una mañana en que, como hoy, me di una ducha y me puse ropa limpia con la intención de salir a la calle, tres o cuatro días después de haberla dejado bajo el pasto del cementerio, una fuerza interna probablemente me paralizaba en la punta de la escalera, y tuve que volver a mi ‘cuarto de trabajo’ en el que me quedaba sentado el día entero, inmóvil, con la puerta abierta, mirando, sin verlo desde luego, y sin pensar en nada, el cielo vacío.”

— Juan José Saer, Lo imborrable, 1992
Abrir en Google Maps ↗ Volver al plano ↑